[Semanas 34–37] Tacto vaginal para evaluar el riesgo de parto prematuro
El objetivo y el momento de realizar un tacto vaginal o una exploración del cuello uterino durante el embarazo dependen de la edad gestacional y de las circunstancias de cada mujer. La práctica también puede variar según el hospital y el profesional sanitario. Algunos realizan exploraciones vaginales en determinados momentos del embarazo, mientras que otros no las realizan hasta las últimas semanas si no existen síntomas o una indicación médica. Al final del embarazo, cuando está indicado, puede realizarse un tacto vaginal para valorar cómo se está preparando el cuerpo para el parto. El profesional puede comprobar hasta qué punto el cuello uterino se ha ablandado y borrado, cuánto se ha dilatado y cuánto ha descendido la cabeza del bebé dentro de la pelvis. Cuando es necesario, también puede realizarse una exploración con espéculo para observar la vagina y el cuello uterino y valorar el flujo vaginal o la presencia de sangrado. En determinadas situaciones también puede utilizarse una ecografía transvaginal para completar la evaluación. Cuando se acerca o se supera la fecha probable de parto, puede evaluarse el cuello uterino para valorar la preparación para el parto y si podría ser necesario inducirlo. Para ello se observa la maduración cervical, es decir, los cambios por los que el cuello uterino se ablanda, se acorta y comienza a dilatarse antes del parto. Si durante la exploración se sospecha alguna alteración, o existen síntomas como sangrado o flujo vaginal anormal, pueden realizarse pruebas adicionales, como una exploración con espéculo o una ecografía, para determinar la causa. Por tanto, el momento y la frecuencia de los tactos vaginales no son iguales para todas las embarazadas, sino que se determinan según la edad gestacional, los síntomas y la evolución hacia el parto.